Los "animálculos" de Anton van Leeuwenhoek: Descubrimiento del esperma y el sistema reproductor masculino

 Descubrimiento del esperma 

En el siglo XVII, Anton van Leeuwenhoek, el padre de la microbiología, fue uno de los primeros en observar el esperma de su propia eyaculación bajo un microscopio. Después de lo que vio no estaba muy seguro de qué hacer. No tenía ninguna formación científica, pero tenía una ansia insaciable por descubrir y aprender.

Ya había visto piojos y microorganismos en muestras de agua de lagos con un microscopio que desarrolló, y había escrito sus observaciones.

Sin embargo, le preocupaba que "escribir sobre el semen y el coito pudiera ser indecente".

Aun así, este hombre casado dio un paso clave para la ciencia y valiente para su época.

Leeuwenhoek informó a la Royal Society de Londres, la institución científica más importante de Europa en esa época, sobre su hallazgo.

Había hecho lo mismo con descubrimientos previos.

"Si su señoría cree que estas observaciones pueden molestar o escandalizar a los eruditos, le ruego encarecidamente a su señoría que las considere privadas y que las publique o las destruya como su señoría lo considere oportuno", escribió desde Holanda.

En una carta fechada en noviembre de 1677 y dirigida a Lord Brounker, secretario de la Royal Society, Leeuwenhoek explicó que había visto una multitud de "animales pequeños".

En el artículo Anton van Leeuwenhoek (1632-1723): Father of micromorphology and discoverer of spermatozoa ("Anton van Leeuwenhoek (1632-1723): padre de la micromorfología y descubridor de los espermatozoides"), de la Revista Argentina de Microbiología, se resalta que el biólogo "entendió los espermatozoides".

Los autores, liderados por Marianna Karamanou, transcriben los hallazgos expuestos por el científico:

"He observado suficiente fluido proveniente de una persona enferma, pero también de una persona sana, inmediatamente después de la eyaculación".

"He visto tal multitud de animálculos vivos, más de un millón, con el tamaño de un grano de arena y moviéndose en un espacio. Esos animales eran más pequeños que los glóbulos rojos".

"Tenían un cuerpo redondo y espuma en la parte delantera y la parte posterior (estaba) terminada en un punto".

"Estaban equipados con una cola de cinco a seis veces la longitud del cuerpo. Avanzaban con un movimiento de serpiente ayudados por sus colas".

La reacción de Brounker, quien estaba a la cabeza de una de las primeras organizaciones en practicar ciencia experimental, estuvo muy lejos de escandalizarse.

Anton van Leeuwenhoek pasó 50 años fabricando sus propios lentes y desarrollando técnicas únicas de observación. Esta es una impresión de "Historia holandesa y vida popular en bocetos" de los artistas J van Lenner y J ter Gouw.

Era consciente de que tenía ante sí el nacimiento de un nuevo campo de estudio de la biología.

De hecho, como señala Karamanou y su equipo de investigadores de la Universidad de Atenas, el secretario de la Royal Society lo alentó a llevar a cabo sus estudios en cuadrúpedos.

En marzo de 1678, Leeuwenhoek le informó que "había notado una cantidad de 'animales' en el semen de perros y conejos, y que esperaba encontrarlos en todos los animales machos". El análisis de Leeuwenhoek fue más allá del instante de la eyaculación. Guardó la muestra del esperma de un perro en un tubo de vidrio y se dio cuenta de que los espermatozoides empezaron a morir poco a poco.

"Siete días después de su recolección, pocos espermatozoides seguían vivos y con capacidad de 'nadar'", señala el artículo de la publicación argentina.


El sistema de reproducción


Esta es una muestra de algunos de los diversos "animálculos" que Leeuwenhoek observó.

"Describió los espermatozoides de moluscos, peces, anfibios, aves y mamíferos, llegando a la novedosa conclusión de que la fertilización ocurría cuando los espermatozoides penetraban en el óvulo", señala una biografía de la BBC sobre el biólogo.

De acuerdo con Karamanou y sus colegas, "Leeuwenhoek fue el primero en descubrir la presencia de espermatozoides en las trompas de Falopio y el útero femenino y también demostró que los espermatozoides se producían en los testículos y adquirían movilidad en el epidídimo".

Sus hallazgos en este campo fueron muy importantes. Y es que para la ciencia el origen de los bebés era todo un misterio.

Como indica el biólogo Bob Montgomerie, de la Universidad de Queen en Canadá -quien es citado por Poppick-, se llegó a pensar que "el vapor emitido por la eyaculación masculina de alguna manera estimulaba a las mujeres a hacer bebés, mientras que otros creían que los hombres en realidad fabricaban los bebés y los transferían a las hembras para su incubación".

Algunos creyeron que cada espermatozoide tenía un diminuto ser humano completamente preformado. Que equivocados estaban. 



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